No basta con
hablar de paz. Uno debe creer en ella y trabajar para conseguirla[1].
Por: Jaime Raúl Hernández
García
"Puesto que las guerras nacen en la mente de los
hombres, es en la mente de los hombres donde deben erigirse los baluartes de la
paz."
-
(Acta Constitucional de la ONU para la
Educación, la Ciencia y la Cultura.)
En expectativa de los denominados diálogos de paz celebrados en cuba, entre
el gobierno colombiano y la guerrilla más antigua del continente, las Farc, se
han expresado muchas opiniones, muchas de ellas radicales y polarizadas, más
tendientes a continuar el conflicto que a superarlo; los medios de comunicación
no han sido buen ejemplo de puntos de vista moderados y reflexivos, de tal
suerte que la opinión general dista de ser propositiva. Aunque los diálogos se
han enfrentado a cierto inconformismo es bueno resaltar que es esta una
oportunidad histórica de transformación nacional y la única salida a esta
guerra fratricida. Me parece apropiado iniciar una reflexión sobre paz, equidad
y reconciliación, ubicándonos un poco en el contexto ya que estas palabras han
sido pronunciadas y escritas más que nunca en los últimos años en Colombia.
No es claro como los acuerdos fortalecerán la democracia y generaran la
participación activa y la movilización pacífica de los colombianos para avanzar
en la construcción de una Colombia más equitativa y más justa, en la que
existan garantías para el ejercicio de los derechos humanos, económicos,
políticos, sociales, ambientales y culturales para todos los ciudadanos. El
resultado de las negociaciones no va garantizar mejoras en la calidad de vida, así
lo refleja el desarrollo de las negociaciones dado su alcance en cuanto a solucionar
los problemas de propiedad de la tierra y lo muestra la experiencia de otros
procesos de paz, como los de Centroamérica ya que firmar acuerdos de paz no supone por si mismo superar la pobreza y
la violencia.
Lo que los diálogos de paz pueden arrojar es el fin del conflicto armado en
que se ha desarrollado la vida nacional. Las negociaciones de La Habana abren
un escenario para que el país enfrente su destino y empiece a pensar en su
desarrollo humano, en este año que trascurre, el 2015, se cumple el plazo para
el cumplimiento de los objetivos del milenio y a excepción de desarrollar aún
más un sistema comercial y financiero abierto, parte del octavo objetivo; los
restantes evidentemente no se han cumplido. Iniciativas pedagógicas del gobierno y diversas
organizaciones en que la palabra paz se ha conjugado con diversos términos como
equidad, reconciliación, democracia y construcción de ciudadanía entre otras
nos han acercado a la idea de construir la paz, la paz entendida no solo como
la terminación de conflicto armado si no en un concepto más amplio que hable
por ejemplo de fortalecer la identidad, recuperar la
memoria, trabajar por la reconciliación, generar lazos de confianza y
solidaridad, prevenir la violencia, promover la convivencia y entre otras cosas
generar inclusión y lograr equidad. En esta construcción se hace necesaria la
participación de diferentes instituciones públicas como el ICBF, las casas de
cultura, los centros de salud y por que no el SENA, a este respecto el director
general del SENA Alfonso Prada se pronuncio durante la semana por la paz 2014
cuando afirmo: En el posconflicto, el SENA será cimiento para lograr equidad,
además añadió: El Sena llegará a los municipios que han sido golpeados por la
violencia, con educación lograremos formar a los colombianos para la paz y el
trabajo,
esto durante su ponencia sin educación no hay paz.
Esta aspiración del
director del Sena se ve respaldada por la visión de Estado del actual gobierno.
Se lee en el articulado del PND “El Plan asume la educación como el más
poderoso instrumento de igualdad social y crecimiento económico en largo plazo,
con una visión orientada a cerrar brechas de acceso y calidad al sistema
educativo”.
En lo que se define como pedagogía para la paz se
enmarcan las acciones conjuntas a desarrollar en materia de movilización
social, comunicación y educación; esto es, un proceso de transformación estratégicamente
orientado hacia la formación ciudadana y cambio cultural proyectados desde el
corto, al largo plazo. A través de dicha pedagogía se debe dotar a todas las
personas, familias y comunidades así como a las instituciones que pueden
asistir estos procesos, de las herramientas prácticas y conceptuales para
participar activamente y desde el lugar que les corresponda en la construcción
de paz.
En este ambiente se llama a gritos a todos los actores sociales y
ciudadanía en general para que sean agentes constructores de paz.
En el actual escenario de conflicto armado o en el de
posconflicto el componente educativo afronta varios retos estratégicos, algunos de los cuales
el Sena en cumplimiento de la función que le delega el
estado puede contribuir a superar; acorde a su misión de incorporación y
desarrollo de personas en actividades productivas que contribuyan al desarrollo
social, económico y tecnológico del país.
Es necesario por medio
de la educación crear la bases de una paz duradera, como lo señalaba Juan
Carlos Tedesco[2]
(1995) siendo director de la Organización de las Naciones Unidas para la
Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO): “Una educación equitativa no es la
que ofrece lo mismo a todos los beneficiarios, es aquella que brinda las
mejores oportunidades a quienes están en peores condiciones, con el fin de
promover la igualdad de oportunidades”.
Un sistema educativo
equitativo es aquel que brinda las mejores oportunidades a quienes más las
necesitan, en una sociedad heterogénea no basta ofrecer una educación homogénea.
Por tanto, hay que ampliar las
modalidades educativas ajustadas a las condiciones de vida de las poblaciones
en situación de vulnerabilidad de forma que respondan a su necesidad inmediata
de vincularse productivamente en la sociedad. El Bachillerato Pacicultor, fue
un modelo educativo para este tipo de poblaciones, este modelo surgió en agosto
de 2006 por iniciativa del Observatorio para la Paz, con apoyo del Consejo
Noruego para Refugiados (NRC), la Agencia Canadiense para el Desarrollo
Internacional (ACDI), la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) y
la Unión Europea. Inicialmente el modelo estuvo orientado hacia jóvenes entre
14 y 25 años, desescolarizados, víctimas del desplazamiento forzado, en extra
edad y situación de vulnerabilidad y riesgo. Como vemos se trata de una
población con varios factores de riesgo, estas situaciones se ven
agravadas por el echo de que la
prioridad de una persona en esta situación es conseguir un medio de subsistencia,
en este sentido los programas de formación orientados a dotar de las
capacidades para ser productivo en un oficio o conocimientos prácticos que
respondan a la demanda laboral del sistema productivo ofrecidos por el Sena
atienden una necesidad tanto urgente como prioritaria. El Sena será cimiento
para lograr equidad el la medida que sus programas de formación sean
incluyentes para atender a los excluidos de la educación así como a victimas y desmovilizados.
Hay que saber que los excluidos de la educación, los desplazados, las victimas
y los desmovilizados son un grupo muy diverso, son mujeres, niños, ancianos,
jóvenes, indígenas y afrodesendientes que viven en el campo o ciudad. Desde
esta perspectiva, es necesario diversificar la oferta educativa como garantía
real de equidad. Es importante resaltar que cada comunidad tiene unas
prioridades educativas, así que deben ser ellas quienes las establezcan con
asesoría de las entidades encargadas de orientarlas y apoyarlas, más
brindándole las herramientas para
enfrentar sus particularidades que tomando decisiones por ellas. Esto responde
a un esquema de gobernabilidad en todo el territorio nacional, que no “lleve el
Estado a los territorios”, sino que construya el Estado y su legitimidad “desde
y para los territorios” como se lee
en las bases para el plan nacional de desarrolla 2014-2018.
El Sena por ejemplo
puede usar su experiencia en el tema de educación rural, ya que cuenta con
experiencias como el programa jóvenes rurales emprendedores cuyo fin es la
conformación de unidades productivas rurales sostenibles y generación de
ingresos, de esta forma, la institución, genera inclusión ya que estas personas
al obtener ingresos se vinculan de forma productiva en la sociedad alejándose
de actividades ilegales. En el caso de los reinsertados, desplazados o
marginados en general hay que admitir que están en situación de riesgo de reingresar
en las filas de la guerrilla, paramilitares o delincuencia común, sin pretender
ser simplista en la solución de estos problemas, me atrevo a decir que si no se
atiende a su necesidad de capacitarse para las exigencias del mercado laboral o
el mundo empresarial, fácilmente reforzaran los círculos de violencia tan
arraigados en nuestra sociedad. En este sentido el Sena puede contribuir a
garantizar el derecho a la educación de los colombianos en la transición, en
especial a los directamente afectados por el conflicto armado: las víctimas y
quienes han dejado las armas, también a jóvenes que viven en las urbes, ya que en un proceso de transición y postconflicto el potencial
juvenil como promotor de paz y no como agente de violencia será
lo que garantice que generaciones futuras afronten los desafíos eficientemente
y pacíficamente.
La frase: el Sena se enfoca en el hacer, tan repetida en nuestras aulas
contiene la filosofía de acción que debiera
ser la base de la política de la Presidencia de la República en materia
de alcanzar el escenario de paz equidad y reconciliación ya que la única forma
de lograr las cosas es trabajando, creando, construyendo.
“Pueden decir te amo, es una frase simple. Pero lo único cierto es que amar
es una acción. Una acción... ¡hijueputas!”, verso de Efraín Medina[3];
y: “todo el mundo habla de paz pero nadie se compromete”, frase de Pacífico Cabrera[4],
saltan con risa a mi mente cuando pienso en hablar de transformar la realidad
nacional porque entiendo que se trata como ya he dicho de alcanzar o lograr; es
decir eventualmente eso podría ocurrir, pero tenemos que trabajar para que suceda.
Hablando de violencia ya que este es el tema que nos
obliga a discutir sobre paz, equidad y reconciliación, podemos recordar a
Gandhi cuando afirma
que el hambre y la pobreza son de las peores formas de violencia. Si bien los tipos de violencia guardan relación entre sí, se
puede clasificar estas formas de violencia: el hambre y la pobreza como
violencia estructural, en este tipo de violencia es difícil identificar al
agresor ya que se trataría de la sociedad quien violenta a colectivos humanos
vulnerables y lo hace perpetuando distribuciones inequitativas del poder y de
los recursos; Johan Galtung[5], distinguió
además de la violencia estructural, la violencia directa que es la que causa
personas o instituciones con el uso de su fuerza a otras personas o
instituciones o la naturaleza al maltratar verbal o físicamente, robar, violar,
por medio de la represión policial o militar, la contaminación y daño
ambiental. Se habla también de violencia cultural, que se entiende como un sistema
que legitima o permite en estado actual de las cosas, de tal forma que esta
violencia se manifiesta en medios tales como: el sistema jurídico, la religión,
el arte, la ciencia, el sistema de educación formal e informal, en fin en las
más auténticas expresiones humanas.
Ya que a mi manera de ver, en la base de todo descansa el
individuo, el ser humano que siempre puede pronunciar dos simples monosílabos:
puede decir sí y puede decir no[6],
es decir puede elegir, puede ser libre, y por más apretada que este la
situación puede decidir pagar el salario justo, hacer bien su trabajo,
compartir un poco con el necesitado, no ser policía corrupto, no robarse el
ochenta por ciento del contrato, es posible dirigirnos a un mundo en que todos
puedan al menos ser medianamente más felices, o para no entrar en términos
probablemente subjetivos, si por lo menos no sufrir los embates de una sociedad
caracterizada por la violencia, la desigualdad y la exclusión y creo que esto
posible en la medida que cada individuo sea consecuente consigo mismo y obre en
función de su pensamiento, si usted siente compasión por los niños que van sin
desayuno a la escuela pues lléveles algo de comer, si cree que vive en una
sociedad de consumo que está causando daños irreparables al planeta, pues no
sé, al menos no se gaste todos sus ingresos en bienes de consumo desechables. Mi
invitación es a repensar nuestro deber ser como ciudadanos libres, dirigiendo
el esfuerzo de forma constructiva, es decir actuando. Recuerden que amar es una
acción, ¡una acción¡ y con el tiempo la anhelada reconciliación entre todos los
actores del conflicto y nuestra diversa población será posible, en este
abundante y acogedor territorio cabemos todos.
[1] Frase
de Anna Eleanor Roosevelt. Diplomática y activista estadounidense por los
derechos humanos.
[2]
Juan Carlos Tedesco (Buenos Aires, 5 de febrero de 1944) es un educador y
pedagogo argentino, que se desempeñó como Ministro de Educación de Argentina.
[3] Efraím
Medina Reyes (Cartagena de Indias, 29 de junio de 1967) es un escritor
colombiano.
[4]
Pacífico Cabrera, personaje del humorista Colombiano Heriberto Sandoval.
[5]
Johan Galtung (24 de octubre de 1930 en Oslo) es un sociólogo y matemático
Noruego. Introdujo el concepto del triángulo de la violencia.
[6] Léase, Octavio Paz, La otra voz. Donde el
autor desarrolla este tema.